martes, 12 de julio de 2011

Daniel Baremboim en el Palacio de Carlos V

En la 60 edición de Festival Internacional de Música y Danza de Granada que está por concluir la presencia del pianista y director Daniel Baremboim junto con la Staatskapelle Berlin cierra un ciclo de varios años en los que han estado ofreciendo las sinfonías de Anton Bruckner.

Ante la duda de una futura presencia de Baremboim en el Festival, se trataba de una ocasión ineludible de disfrutar de la misma, y en años anteriores siempre he tenido algún problema que me lo ha impedido. Es más, nunca antes había estado en un concierto en el Palacio de Carlos V y mi asistencia al Festival estaba más centrada en los llamados matinales y en el Fex. O bien los planes veraniegos se solapaban con los conciertos, o bien no estaba yo para gastar...

Parecía que este año iba a correr igual suerte, porque en el momento de ponerse las entradas a la venta no tuve forma de hacerme de ninguna, pero justo pocos días antes Vicente, un buen amigo melómano, me ofreció la posibilidad de hacerme de una a través de Fernando López Vargas-Machuca de quien recomiendo visitar su magnífico blog.

Al final Vicente cargó con el coste de la entrada que se ofrecía, que era de las caras, y yo me quedé con la de Vicente por unos modestos 15 euros, y con ambos asistí a este magnífico concierto. De los dos programados para este edición del Festival, asistí al que tenía como protagonistas las Sinfonía Nº3 de Bruckner y el Concierto para Piano Nº27 de Mozart, un excelente doblete para disfrutar de Baremboim como director y solista.

La velada musical de 10 de julio a las 22:30 horas dió comienzo con Mozart, en una noche calurosa y con una luna creciente avanzada sobre nosotros. El Concierto Nº27 era una buena forma de calentar motores y abrir nuestro oídos y Baremboim ofreció una lectura transparente, rica en detalles y muy equilibrada. Orquesta y Director/Solista totalmente compenetrados ofrecieron una de las grandes páginas de la obra de Mozart con una calurosa acogida del público por la que Baremboim nos regaló como bis un Impromptum de Schubert.

Tras el intermedio y el correspondiente refrigerio, nos aguardaba la Sinfonía Nº3 de Bruckner. En mi caso estoy familiarizado someramente con su obra, pero precisamente la Nº3 es la sinfonía que más le he escuchado, una magnífica catedral sonora, obras que requieren de excelentes interpretaciones y de una dirección que no deje nada al azar.

Nuestras expectativas se vieron colmadas, un ejercicio de profundo conocimiento de la obra, de explotación de todas las gamas dinámicas posibles de la orquesta, ningún detalle se perdió y la comunicación director-orquesta palpable en todo momento. El último movimiento fue un clímax en el que Baremboim jugó con el tempo y la orquesta como si estuviéramos en una montaña rusa. Inolvidable.

A modo de ilustración dejo este vídeo de una anterior visita de Baremboim, en aquella ocasión con la West-Eastern Divan Orchestra.



Y muchas gracias a Vicente y Fernando por compartirlo conmigo.