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miércoles, 19 de febrero de 2020

Orejas de trapo en la era digital


Soy consciente que esta entrada en la bitácora es un grito en el desierto, que poco se puede hacer cuando el borreguismo se implanta como forma de comportamiento y de resultas de eso quienes tenemos algo de conocimiento y una visión crítica de las cosas quedamos como unos putos frikis, pero el derecho al pataleo no me lo quita nadie.

El tema viene provocado por una tontería ciertamente: este fin de semana he tenido un par de viajes en coche compartido (no voy a poner nombre a la plataforma, sabéis cuales son) que me sacaron de mis casillas, y es que uno es algo delicado para el tema de la música. Conclusión por adelantado: el personal tiene un oido frente al otro y se conforma con ruido.

En el viaje de ida en principio teníamos la radio puesta y aquello sonaba como el demonio, el conductor -un chaval- me respondió cuando le hice una moderada observación 'ya, es que este era el coche de mi padre y algunas cosas están un poco así'... pero es que sólo se escuchaba la música por los tweeters, los altavoces principales debían estar cascados, así que entre las interferencias de moverse por carretera y aquello, mis oídos terminaron saturados de ruidos y altas frecuencias. Llegó un momento en que le dije 'si puedes bajarlo un poco'... y entonces tuvo la feliz idea 'ah, tengo un disco en la bandeja, sonará mejor'. Pues sí, sonaba un poco menos horrible, pero de la vomitiva radiofórmula pasamos a un bodrio en el que básicamente todo era caja de ritmos en bucle, con escasos elementos melódicos y palabras sueltas a lo largo la interminable hora que restaba hasta el final del viaje. Resumiendo: una tortura.

El viaje de vuelta fue sólo ligeramente menos horrible: al menos el reproductor sonaba medio decentemente, pero el repertorio fue reguetton durante las dos horas y pico del trayecto. En este caso ya iba con el móvil bien de carga, me enchufé mis auriculares y me aislé: a grandes males, grandes remedios. Beethoven se encargó del resto.

Ya hace un tiempo escribí en este mismo cuaderno de bitácora sobre el revival de los discos de vinilo y abordaba algunas cuestiones relativas al binomio audiofilia/postureo, en esta ocasión lo que quiero abordar es la gran contradicción de nuestra época. Nunca hubo tanta tecnología y medios para escuchar música, nunca hubo tanto acceso de facilidad a la música, pero las nuevas generaciones -salvo contadas excepciones- escuchan la música peor que nunca (el altavoz de un teléfono móvil por ejemplo) y no escuchan más allá de las modas más comerciales y pobres musicalmente hablando.

¿No quieres gastarte un dineral comprando discos? Vale, te puedes abrir una cuenta en una plataforma de streaming a un precio casi ridículo, pero es que incluso si soportas la publicidad, puedes escuchar multitud de cosas sin pagar un duro. Y para escuchar música con algo de calidad, vale un móvil incluso, pero si le conectas unos auriculares decentes. Que sí, que luego estamos los bichos raros como yo que nos dejamos un dinerito mensual en música y que disfrutamos de tirarnos en el sofá y convertir el salón de la casa en un auditorio. Hay para todos, nadie está fuera. Lo del criterio musical es más subjetivo y jodido...

Me pregunto que habrá provocado este fenómeno que vivimos, y creo que los dos aspectos guardan relación. Sociedad y hábitos se retroalimentan, yo lo resumiría en ruido y prisa. Ruido porque tenemos información en sobreabundancia, pero información que no vale para nada en la mayoría de los casos: falta de profundidad, léxico y sintaxis pésimos, la simplificación condensada en mensajes cortos y lo más impactantes posibles ¿Quieren ejemplos? Un rápido paseo por las portadas de muchos medios de información digitales y por supuesto, las malditas redes sociales. Sí, esas que tanto nos interconectan y donde no para de circular mierda. Prisas en todo, ¿cuanto tiempo dedica la media de la población a la lectura a diario? Y la otra pregunta ¿cuanta gente dedica un cierto tiempo a escuchar música? Ojo... no a tenerla de fondo. Si la pregunta es ¿te gusta la música y quieres saber además de escuchar? … el círculo se cierra enormemente: cuatro gatos compramos libros sobre el tema o buscamos artículos para leer (en internet los hay a miles).

Así pues, quienes mantenemos un cierto criterio en sobre la música, tanto en sus aspectos técnicos como los intrínsecamente musicales, ahora terminamos arrastrando un sambenito de elitismo, y la gran paradoja es que vivimos unos tiempos en que la música no tiene porque ser para nada elitista. Y tener un sistema de sonido minimamente decente no es cosa de ricos, hay para todos los públicos, ahora más que nunca.

La imagen que encabeza esta entrada ilustra lo que quiero decir... adivinanza... está en la contraportada de un disco de Mike Oldfield ¿cuál? Ese disco tuvo su historia, que da pie a que otro día hablaré de las consecuencias de lo aquí expuesto en la producción musical, entre tanto seguiré con otras cosas. Entretenimiento no me falta.

Gracias por vuestra paciencia.

jueves, 27 de junio de 2019

La Discoteca Digital y sus problemas de uso

Toda persona que se dedica a coleccionar algo termina teniendo un conflicto de espacio y también de organización, y la música es uno de los casos más claros de esta problemática.

Cuando toda la música se adquiere en formato físico (LP's y CD's) el espacio es el principal problema.  En mi caso ya tengo múltiples rincones de la casa ocupados con mi colección, que tampoco es excesiva. Por un lado música 'clásica' sinfónica o de cámara (el término 'clásico' es de lo más escurridizo, aquí yo incluyo desde música renacentista hasta del siglo XX), por otro músíca organística, por otro la música coral y sacra, en otro rinconcito la ópera... etc, etc, etc... evidentemente salvo yo, a ver quien es el guapo que  encuentra un disco en mi casa. Y he dejado fuera todo lo que sería pop, rock, jazz y sus derivados. También tienen sus estantes y rincones...
En este apartado tengo los principal de mi discoteca clásica, pero hay más por otros lugares de mi casa.
Todo lo que va en estos soportes físicos tiene una organización muy personal, ciñiéndonos al tema 'clásica' que va a ser el motivo de este post, yo tengo la manía del orden cronológico. Es raro que un disco mezcle cosas de periodos muy dispares, así que uso la fecha de nacimiento del compositor más 'antiguo' que contenga el disco y eso me sirve para establecer el orden, de modo que si estoy con ganas de escuchar clasicismo vienés puro y duro, ya sé en que zona me voy a poner a buscar... y ahí terminaré picando Mozart, Haydn, Beethoven o el que se tercie. El separar la música con las temáticas antes descritas supone una ayuda adicional para seleccionar lo que apetece escuchar. Lo que desde luego encuentro un disparate es usar el órden alfabético, porque me duele la vista ver un disco de Johann Sebastian BACH al lado de uno de Bela BARTOK. O a Franz Joseph HAYDN compartiendo lugar junto a Paul HINDEMIT. ¿Me entienden?

Pero donde ya tenemos un problema importante es cuando empiezas a acumular música en formato digital. Al principio no le das importancia a la cosa, tus amigos y correligionarios de afición musical te empiezan a pasar cosas, descargas alguna que otra... y empiezas inicialmente con la costumbre de ir metiendo todo eso en carpetas más o menos organizadas. Añadamos el asunto de cómo lo reproduces, en mi caso, tener un PC dedicado siempre me pareció un exceso y terminé adquiriendo un reproductor multimedia para conectarle el disco duro externo donde guardo todo eso, pero por motivos diversos el sistema resultó ser decepcionante...

Aquí hemos de abordar varias cuestiones, la primera, que los reproductores 'software' no están pensados ni por asomo para la música 'clásica', y de otra los metadatos ligados a esos ficheros, que serán la clave para poder manejar la 'discoteca digital'.

Cuando tienes unos pocos álbunes digitales, no te complicas la vida y vas navegando por las carpetas con el mismo reprodutor que uses, todo es cuestión que en la carpeta hayas puesto unas cuantas referencias (compositor, obra, formación) que te ayuden a localizar lo que quieres disfrutar en ese momento, pero... señores, la vida del melómano es complicada.

Les voy a poner un ejemplo, y no soy para nada un gran coleccionista: 9ª Sinfonía de Beethoven, a día de hoy tengo si no me falla la memoria, 4 versiones en LP, 5 versiones en CD y 4 versiones en ficheros. Y esto es sólo de una obra (sí, seguramente la más famosa del repertorio sinfónico), pero empezamos a multiplicar esto con todos los compositores y obras desde el Renacimiento hasta nuestros días... a ver, no siempre es así, pero los melómanos tenemos mucha afición a acumular y comparar distintas versiones de la misma obra.

Si cuando manejas formato físico se tiene cierta contención, cuando ya acumulas música en formato digital la cosa se desborda, y ahí es donde ya buscar música navegando carpetas se convierte en un imposible, y te acuerdas de que existen los metadatos.

Los metadatos también llamados tags en la jerga informaticoanglosajona, son etiquetas asociadas a los ficheros que dan distintas pistas sobre su contenido, su existencia tiene muchísima lógica, porque el nombre de un fichero no puede describir en muchas ocasiones toda la información relativa al mismo. No sé en que momento se diseñó la estructura de metadatos para los ficheros de música, pero parece evidente que se hizo con bastantes pocas miras. Y lo peor de todo, es que luego la mayoría de los reproductores multimedia ni siquiera son capaces de manejar la totalidad de estos metadatos. Aquí teneis un listado dichas etiquetas (en adelante me refiero así a los mismos).   
  • Nombre del artista 
  • Título de la canción.
  • Número de canción (pista).
  • Título del álbum.
  • Fecha de lanzamiento.
  • Nombre del compositor.
  • Nombre del productor musical.
  • Código ISRC.
  • Sello discográfico.
  • Compañía editorial.
  • Entidad de gestión de derechos.
  • Género musical.
  • BPM.
  • Contacto (campo comentarios).

No me he complicado mucho buscando eso, lo he copiado de una página cualquiera de internet, pero veamos... 'Artista'... 'Canción'... 'Lanzamiento'... ejem ejem... es evidente que esto se ha  diseñado pensando en los intereses de la industria discográfica, y desde luego muy restringido a propósitos de música comercial. Al melómano de clásica le viene francamente corto.

Podríamos empezar porque la etiqueta Canción de por sí ya es toda una declaración de intenciones, a ver ¿Sinfonía, Concierto, etc? ¿como se describe? ¿y cuando se divide en movimientos? … luego tenemos otra etiqueta que podría ser muy útil para la música clásica Compositor pero nunca se usa, y si no probad ha hacer una transferencia de cualquier CD o comprobar música que tengais en MP3 o FLAC, veréis que está en blanco. Pero para eso tenemos el cajón de sastre de la etiqueta Artista, donde unas veces tienes el compositor, otras el director, otras la orquesta...

Evidentemente la música 'clásica' requeriría de una estructura de metadatos mucho más compleja, y de un reproductor que manejase de forma eficiente toda esa información (aviso, aún no he localizado ninguno que maneje la etiqueta Compositor, botón de muestra del problema). Dicho reproductor además debería manejar opciones de indexación de las etiquetas y filtrados asociando las mismas (de nuevo Compositor sería imprescindible), pero señores ya les aviso: no existe.

Mi experiencia en reproductores multimedia para el PC ha sido frustrante y tampoco es que me haya querido emplear muy a fondo, porque visto uno vistos todos... al final te fuerza a buscar por carpetas. Pero en Linux haría la excepción del programa 'Quodlibet' que me parece lo más decente para intentar manejar una librería digital de música clásica. Y ya puestos es una recomendación mía para dejar de lado Windows y sus insoportables versiones de sistema operativo.

Como decía, durante años tuve una pequeña cajita que conectaba al disco externo y al sistema de música y TV, un reproductor multimedia Asus, pero que tampoco manejaba satisfactoriamente la librería, y para colmo... ¡¡hacía compresión dinámica!! os podeis imaginar que terminaba de los nervios al comprobar que un pianissimo iba subiendo poco a poco de volumen.

Despues de darle innumerables vueltas, terminé adquiriendo un micro ordenador 'Raspberry' junto con una tarjeta de sonido que me permitía conexión digital sin pérdidas ni ruidos con mi sistema de audio (un Yamaya con sus años, pero muy eficaz, con entradas óptica y coaxial), con una instalación de sistema operativo a medida para el propósito llamado 'LibreElec' que al final lo que te proporciona es la plataforma multimedia 'Kodi', bastante decente para estos fines.
Placa Raspberry Pi3+
Pero finalmente el 'Kodi' maneja la librería gracias a los metadatos, con sus limitaciones, y ahí es donde uno tiene que hacer un trabajo -ingente en mi caso- de revisar y editar toda la librería musical digital y unificar el criterio, porque no hay dos discos que vengan con etiquetas iguales cuando se hace el 'ripeo' desde un CD o te los pasan.

Pantalla del menú 'Musica' en Kodi


Hay bastantes programas de edición de metadatos, 'MP3Tag' es el más popular en Windows, y en mi caso 'Puddletag' para Linux Mint. ¿Y porqué es necesario? Porque cuando el sistema se actualice con la librería de tu disco externo, vas a tener un sinfín de duplicidades en Género y Artista fundamentalmente que te van a hacer imposible buscar algo sin perder bastante tiempo. Os confieso, me instalé el invento a finales de 2018, justo hace un par de semana que terminé de repasar y poner orden en toda mi librería musical. Prefiero ni pensar la de horas que he empleado, pero a fin de cuentas es una labor propia de archivística, también una biblioteca tradicional requiere su trabajo para tenerla ordenada con criterios eficientes.

Quien quiera acometer esta locura, aquí van mis prácticas y consejos en la edición de etiquetas, pero cada uno finalmente organiza la librería como mejor puede.

Nombre del Artista yo pongo por este orden: Solista, Director y Formación (abreviada a ser posible), un ejemplo por ejemplo para un conciero para piano y orquesta:
Geza Anda, Herbert von Karajan, BPO.

Título del Álbum aquí es donde yo juego a preceder el compositor, y mi costumbre es que si tengo un 'disco' que contiene obras de distintos compositores, genero dos álbumes distintos o bien hago una asociación de compositores, es más, cuando un disco contiene varias obras largas, también subdivido en varios álbumes. Ejemplo:
[Beethoven] Sinfonía Nº9 'Coral'

Extendiéndome en lo anterior, os comento que en el típico caso de 'integral de sinfonías', donde terminas con álbumes de origen que vienen de un CD con dos o más sinfonías, yo las divido y genero un álbum por sinfonía, evidentemente es más trabajo, pero todo queda mejor organizado. Eso afecta a otro de los metadatos que aprovecho para comentar Pista, que ha de ser reorganizado con el número correspondiente al orden de cada fichero dentro del álbum.

Pero también advierto, no siempre es conveniente subdividir un álbum porque tenga varios compositores y obras, hay discos que son precisamente recopilatorios por épocas y en esos caso me limito a respetar el nombre del álbum de origen (ejemplo. “Música Cortesana”) y que aparezca en el listado de albumes sin más.

Titulo de la Canción lo edito según la necesidad, por lo general me limito a dejarlo con el texto del movimiento correspondiente, por ejemplo si el álbum fuese [Beethoven] Sinfonía Nº1, la primera pista tendría este título:
I. Adagio molto. Allegro con brio

Sin embargo si el álbum contiene como tal varias obras, pongamos que tiene un título mixto como
[Beethoven] Sinfonías Nos. 1 y 2, y no lo he subdividido, en el título de canción si lo pondría así:
Sinfonía Nº1, I. Adagio molto. Allegro con brio

Y como antes he citado de pasada,  la etiqueta Número de canción (en la mayoria de los casos Pista), ha de respetarse la numeración de los ficheros dentro del desarrollo de la obra y tener muy en cuenta si hemos subdividido un álbum como hago yo, por lo que cada nueva 'obra' o 'álbum' ha de empezar el contador desde 1 para que el reproductor lo gestione bien.

Género lo dejo para el último en estas explicaciones pero ha de ser el primero en modificar, porque es el meollo de la cuestión, es la etiqueta a partir del cual la mayoría de los reproductores estructuran la librería, y si no está correctamente en los distintos álbumes tendreis un lío considerable. Avisados estais, cada 'álbum digital' que tengais procedente de algún CD o descarga, lo va a tener como le salga del byte. Del mismo 'genero' os encontrareis diversas descripciones que os van a ensuciar la librería, por lo que es el primer metadato y mas importante a modificar -repito-. Y tendreís que personalizar según vuestro criterio o nó será posible, os pongo un listado de los géneros en los que yo he agrupado mi música clásica, pero cada uno que vea como le resulta más cómodo.
  • Antigua (todo lo anterior al periodo barroco)
  • Barroca
  • Solistas (discos de un único instrumento: piano, violín.. etc).
  • Concierto Solista (del clasicismo en adelante)
  • Cámara
  • Sinfónica Clásica
  • Sinfónica Romántica
  • Sinfónica Postromántica
  • Sinfónica Nacionalista
  • Órgano (tengo mi propio apartado a parte de solistas, por la cantidad de material)
  • Coral
  • Sacra (musica coral religiosa)
  • Vocal (cantantes con o sin acompañamiento)
  • Ópera Barroca
  • Ópera Clasica
  • Ópera Romántica
  • Ópera Postromántica

Seguramente con el tiempo haga modificaciones o amplicaciones de esta lista, pero en principio es el esquema que voy a seguir. Espero que estos consejos os sean de utilidad y agradeceré comentarios al respecto. Como os digo, cada persona maneja un criterio con la música y ese debe ser el que utilice para organizar la librería. Entretanto esperemos que alguien invente un reproductor realmente potente para la música 'clásica'.

lunes, 4 de junio de 2018

Los discos de vinilo resurgen ¿nueva moda?

Los discos de vinilo vuelven a estar de moda y es un tema ya frecuente en la prensa. Hace unos días leí un artículo que ya tiene algún tiempo, que hacía mención al notable incremento en las ventas los mismos, situándonos en niveles de los años 90. El fenómeno está provocando tener que reabrir plantas de prensaje que llevaban décadas cerradas.

Decca Full Frequency Stereophonic Sound, la edición original de este LP del director español Ataulfo Argenta alcanza precios astronómicos en el mercado de segunda mano. El sello Decca marcó un antes y después en la alta fidelidad con la calidad de sus grabaciones y prensajes. Ojo a la fecha de publicación: 1958
Soy un gran amante del formato, y mi modesta colección sigue creciendo día a día con adquisiciones tantos de nuevos prensajes como del mercado de segunda mano, no obstante, me gustaría hacer una análisis crítico del momento que vivimos en la música comercializada en formato físico (excluyo pues los streaming y descargas).

Quien nos iba a decir en 1983, cuando el Compact Disc salió al mercado, y con un primer diagnóstico de absoluta aniquilación del viejo formato, que los microsurcos resurgirían de sus cenizas mientras las ventas de CD's van cayendo en picado (ahí si hacen mella las descargas y Spotify). Han sido unos años bastante convulsionados en la industria discográfica, con muchos fenómenos a tener en cuenta.

La cuestión tiene dos vertientes para enfocarla, una técnica y otra comercial.

Técnicamente estas últimas décadas han estado plagadas de contradicciones. Cuando más medios ha existido en los estudios de grabación se ha grabado peor, es fácil comprobarlo: podemos pasar unas cuantas grabaciones al azar por un editor de audio y comprobar que los niveles de compresión son inauditos cuando el disco compacto permite un rango dinámico de 90 decibelios. El lema es que la música suene a tope, punto. Me refiero especialmente al panorama del pop y el rock, con unos niveles de pobreza en la producción que son para llorar (y para recolmo,  las emisiones de radio en FM usan como material ficheros MP3). Pero es que ni la música clásica se ha librado de esto, especialmente en muchos reprocesados de antiguas grabaciones donde se ha retocado y ecualizado en exceso.

Maletita tocadiscos "Crosley", para alardear de que te encanta el vinilo y destrozar tus discos.
Desde el punto de vista del melómano/discófilo hay otro problema: la desaparición de la cultura Hí-Fi. Nos encontramos pues con una polarización en cuanto a qué medios usamos para escuchar música, o bien tocadiscos que parecen de juguete (donde mucha gente pone maravillosas ediciones de vinilo de 180 gramos), la obsesión porque las cajas acústicas sean la mínima expresión posible en espacio, etc. Y al otro extremo lo que se denominan ahora audiófilos o fanáticos del término anglosajón High-End, capaces de dejarse las gónadas comprando unos cables para altavoces con propiedades esotéricas en algunos casos, o con tocadiscos de diseños estratosféricos. Ni tanto ni tan calvo: no hay que arruinarse para escuchar con calidad, pero es cierto que el mercado de sonido doméstico ahora mismo está desregulado, o compras una patata o te abonas al postureo, los modelos que están en la franja intermedia no termino de ver sus diseños prácticos en muchos casos. Luego está la opción de comprar equipos de segunda mano de los años 70' – 80', que le pueden sacar a uno bien del apuro, pero necesitas un técnico que los sepa poner a punto. Resumiendo: si te gusta el disco de toda la vida y quieres disfrutarlo, mejor contrasta muchas opiniones y tómalo con calma.

Tocadiscos Thorens TD-160 equipabo con brazo SME, el "summun" de la Hi-Fi en los años 70.
Además, lo de los prensajes tiene mucho chiste. Un disco de vinilo ni tiene que ser una como una loncha de jamón ibérico (así venían los de finales de los 90') ni un entrecot de ternera (200 gramos de plástico, excusa perfecta para clavarte la cartera). El grosor de la placa donde más influye es en la conservación del disco, menos proclive a deformarse, pero no es un parámetro relacionado con su calidad sonora. Son muchos los factores que influyen la misma: calidad y procesamiento (que no sobreprocesamiento) del máster, buen ingeniero en la máquina de corte del acetato, procesos de galvanoplastia cuidados, calidad del material (más que la cantidad). Sí, es más difícil hacer un buen disco de vinilo que un disco compacto, en su momento había mucha gente que controlaba ese tema, y técnicas de las que ya casi nadie habla como la denominada Half Speed Mastered, esto es, hacer funcionar tanto la máquina de corte del acetato como la cinta máster a la mitad de velocidad, para mitigar los problemas de corte a altas frecuencias. En fin, un poco triste terminar poniendo el entrecot de 200 gramos a hacerse en un Crosley. Pero no seamos negativos, la técnica sigue avanzando y el HD-Vinyl apunta a una mejora sustancial en la calidad de los prensajes basada en la investigación, que no en el peso. Este sistema apunta a ser el sucesor de los antiguos Half Speed Mastered.

Edición "Half-Speed Mastered" del álbum "Thriller"
Plantearse escuchar un disco de vinilo desde la perspectiva de la pureza del sonido analógico, es una tontería como la copa de un pino. Salvo los discos que tengamos fabricados en el pasado puramente analógico, en la actualidad cualquier disco que compremos contiene audio almacenado y procesado digitalmente. Se dan casos excepcionales de algunas reediciones que siguen usando las técnicas originales a partir de un máster analógico directamente al corte del acetato. Hay sospechas de que incluso muchas reediciones que no son del sello oficial, ha hacen cortando el acetato a partir de un vulgar CD. En el caso de reediciones del propio sello de origen la cosa tiene bastantes garantías de calidad, se hacen a partir de remasterizaciones digitales a 24 bits o sistemas equivalentes. El mismo sistema que antes hemos citado de HD-Vinyl, se ha de basar obligatoriamente en una fuente digital de alta resolución.

La parte comercial de todo este fenómeno revival es bastante sangrante. Empecemos porque en todos estos años unas pocas multinacionales han acaparado casi todo el mercado, absorbiendo a multitud de sellos (algunos bien importantes). Pocas empresas con un enorme fondo de catálogo, que están explotando a base de bien. Reeditan una y otra vez (ya con el CD lo hicieron) material que lleva años más que amortizado, y en algunos casos con precios abusivos y con tiradas calculadamente escasas para pasado un tiempo tener el reclamo de un nuevo lanzamiento. En esto tenemos más de un avispado que pilla cantidad y luego lo pone en reventa.

Curiosidades que poca gente recuerda: el disco de vinilo también tuvo su versión multicanal, con distintos sistemas incompatibles entre sí. Aquí la edición Cuadrafónica "SQ" de "The Dark Side of the Moon". El experimento funcionó en los años 70 sin llegar a cuajar definitivamente. No salía barato precisamente.
En el panorama de los sellos españoles, ninguno de los grandes de antaño se ha librado de ser engullido, y enumero los que recuerdo por orden alfabético: Belter, Fábrica de Discos Columbia, Fonomusic (antes Sonoplay), Hispavox, Zafiro (y su sellos asociados Chapa-Discos y Novola)

Hay pequeños sellos independientes que se están aventurando a publicar en disco de vinilo, poniendo también en valor los factores estéticos del asunto (portadas y diseño). Y comercios locales que sobreviven a las ventas por internet, otro azote que habría que replantearse. Desde luego se agradece porque además ofrecen una música que se sale del estándar a nivel de mierda que está el mercado actual.

Cómo habreis podido comprobar, he sido bastante crítico con todo lo que rodea al resurgir del disco de vinilo y os preguntareis si a mí el fenómeno me trae al fresco. Pues para nada, estoy bastante contento porque me gusta el soporte y tener de nuevo más disponibilidad del mismo, me gusta porque llevo desde mi infancia usándolo y porque me permite una palpabilidad que con los formatos digitales tengo la sensación de que me falta algo. Llevo toda la vida comprando discos y conseguí maravillas de segunda mano en la época que a todo el mundo le dio por deshacerse de sus plásticos para abrazar el compact disc. Pero no me monto absurdas pajas mentales con el tema: tengo LP’s, CD’s y SACD's (para mí un formato excelente y con opción multicanal), y benditos sean estos últimos si están bien producidos para la música clásica, permitiendo unas gamas dinámicas que el formato analógico no permite. Pero me resulta indignante que las discográficas se intenten aprovechar una vez más del melómano-discófilo que es quien a fin de cuentas mantiene en pie todo el chiringuito.

Habrá que ver como discurre el fenómeno en los próximos años y que pasada esta tormenta de la moda si se consolida el formato de nuevo con unos parámetros razonables, entre tanto: a río revuelto, ganancia de pescadores: las multinacionales se ponen las botas.